Gervasi Deferr

28 01 2008

deferr.jpg Gervasi Deferr va de vez en cuando a conferencias de temática peregrina para que no se diga que los gimnastas son solo músculos y un maillot. Cualquier asunto por raro que sea, cualquier centro cívico o institución académica por lejos que esté, cualquier conferenciante es bueno para las ansias de cultura que tiene el muchacho, aunque a menudo tenga que ir solo y su familia se meta un poco con él. A Gervasi le da igual. Gervasi aprende un montón y se lo pasa bien. Llega con su moto al lugar en cuestión, ocupa un asiento lateral para no molestar demasiado y escucha a quien toque con su bloc de notas y el boli por si el tipo dice algo importante, no vaya a ser que cite un libro o cuente un chiste que luego no recordaría.

El mes de octubre pasado Gervasi asistió a un acto de presentación de un libro en el Institut d’Estudis Catalans, donde solo había expertos antropólogos que se morían por escuchar a un profesor norteamericano que iba a hablar de bomberos. Efectivamente el gimnasta aprendió un montón sobre la vida de estos profesionales, a menudo incomprendidos y demasiadas veces presentados como héroes, casi siempre por culpa del cine. Le gustó tanto a Gervasi lo que dijo el antropólogo que llenó seis páginas del bloc para que cuando hubiera una charla en un cuartel de bomberos pudiese ir bien preparado. Tan emocionado estaba que esta vez iba a hacer un par de preguntas al ponente e incluso a exponer una modesta opinión. En ese momento, con el corazón a cien, un señor jubilado que tenía justo delante pidió la palabra y micro en mano empezó una perorata absurda que no tenía nada que ver con los bomberos y sí mucho con su propio ombligo. Habló de lo que no se ve, y del arco iris, y de la guerra, y de que todos tenemos que ser un poco más amigos, y de que le había gustado mucho lo que se había dicho de los bomberos pero que el señor profesor era muy joven para saber cómo eran los bomberos antiguos de verdad.

Gervasi miraba al jubilado de forma distinta a cómo lo hacía el resto de la sala. El ponente lo escuchaba con media sonrisa y sincero interés; la multitud de inteligentes antropólogos expertos, con abierta risa guasona; Gervasi, acostumbrado a esta figura tan habitual en las conferencias, que se va por peteneras para soltar cualquier cosa que se le pase por la cabeza, lo empezó mirando con comprensión, luego con pena, luego con silencioso respeto. Pero al cabo de un rato de charla del abuelo, tras comprender que no se iba a callar hasta cansar a todo el mundo con sus historias, Gervasi empezó a cabrearse. ¿Por qué coño aguantarle?, ¿porque era viejo?, ¿solo porque era viejo? Cuando el tipo se sentó y la multitud de expertos antropólogos inteligentes se sonrieron unos a otros, el gimnasta se vio a sí mismo en pocos años en la piel del jubilado y no lo pudo aguantar. Se acercó a su oído y le dijo en voz bajita: no ha entendido usted nada porque está chocho, aburrido y solo en la vida. Luego Gervasi se levantó y fue a tomarse unas cañas.


Acciones

Información

5 respuestas a “Gervasi Deferr”

29 01 2008
David Bombai (18:13:42) :

No se meta usted con Gervasi, caballero. Yo lo veo muchas tardes en la Casa Asia leyendo poemas de Yukio Mishima. Un respeto.

29 01 2008
albertruiz (19:05:16) :

Pues es un crack del pasapalabra, el amigo. Y competitivo que te cagas, mata por un acierto, suda la camiseta.

30 01 2008
Gary Lineker sin corbata (12:19:12) :

Todos venimos del vientre de nuestra mamá, que es oscurito. La comunicación no se ve, y la mala hostia tampoco. Aupa Gervasi! Aupa el viejo chocho, que sin él la vida seria incolora, es decir, como un pañuelo sin mocos.

30 01 2008
onclevania (14:03:06) :

KALAUPAPA, al meu bloc ens preguntem on viu Jonathan Yeo. Tu que tot ho saps, guia’ns!

31 01 2008
Martin Donovan (18:20:31) :

Señor Bombai, antes de efectuar un alarde de culteranismo citando a Yukio Mishima debería haberse informado y así hubiera dado en la cuenta de que el susodicho no publicó poesía jamás. Novelas, relatos, piezas teatrales e incluso ensayo, pero los versos, en caso de haberlos escrito, no pasaron de ejercicios para el consumo íntimo. Así que Parker y yo dudamos que Gervasi Deferr tuviera aceso a ellos, ni siquiera en la selecta biblioteca de Casa Asia.

Deja un comentario

Puedes usar estas etiquetas : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>