Robert Sheckley, quizá porque nació en julio, esperaba cada año en candeletas la llegada del sol. En febrero, en marzo, en abril, se encerraba en casa, a cobijo del frío, y escribía día y noche con la máquina de escribir junto al balcón; desde allí veía llover e imaginaba viajes interestelares a galaxias más cálidas. Cuando en insoportables arrebatos de ñoñería su mujer le preguntaba en la cama si se consideraba feliz, él le solía pedir que se esperara al verano, que solo le contestaría tumbado en una hamaca playera, pasando calor mai tai en mano. Sheckley realmente necesitaba el buen tiempo, como necesita litio un nemoriano. Casi, casi, cuestión de vida o muerte.
Pero el de 1983 fue un verano horrible. El más lluvioso en Florida desde 1813. Tan solo durante dos noches consecutivas de junio dieron tregua los nubarrones de tormenta que tanto fastidiaban al escritor, y aún así, la temperatura fue extremadamente baja para los estándares veraniegos a los que cualquier buen bañista está acostumbrado. A mediados de agosto Sheckley no se lo creía. Medio en serio, medio en broma le confesó por teléfono una mañana a su hijo Michael que estaba convencido de que aquello era una conspiración de la Administración Reagan para deprimir a todos los americanos liberales por sus pecados durante los años sesenta. Pero que él no se iba a dar por vencido.
Una mañana antes de las siete cargó su toalla, su camisa de flores y sus gafas de sol en la bolsa y salió de su apartamentito en dirección a la playa aún a pesar de la lluvia torrencial. Más solo que Omicron Persei, más que los rayos C que brillan en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. La crema protectora se mezclaba con las gotas de lluvia y la toalla ahora pesada como el acero se aferró a la arena mojada. Shecley, tras más de trescientos días de espera, se puso las gafas de sol, miró al cielo en busca de un inexistente rayo solar y sonrió. La enfermedad podía esperar.
Sonando: Hawaiian War Chant – Johnny Coco
Tina Modotti, quien tantas veces había arriesgado su vida por la igualdad, la justicia y el socialismo, decidió correr el riesgo de comerse un plato de almejas el 8 de abril de 1932 en una cantina chusca del DF a sabiendas de que llevaban demasiado tiempo fuera del mar. Era un antojo, y si en aquella época de viva turbulencia Tina Modotti no podía permitirse un antojo ya me dirán ustedes cuándo se lo iba a permitir.
Santiago Cañizares bajó del avión, procedente de Galicia, y cogió el metro en el futurista aeropuerto-estación de Valencia, abatido tras una victoria de su equipo en la que encajó nada menos que cuatro goles. Habían ganado el partido y los tres puntos no se los quitaba nadie, pero cuatro goles… cuatro goles son demasiados para un portero como él. Volvía solo, pues pidió permanecer en Vigo unos días más. Cargado como iba con la maleta, al abrirse las puertas del vagón se arrellano en un asiento y se puso los cascos con los ojos cerrados. Lista de reproducción “clasicos del POP español!!” a un volumen excesivo.
Siouxsie Sioux se tiró en mayo de 1979 seis días seguidos durmiendo. Ya, ya les oigo exclamar ahí sentados: uh Kalaupapa tampoco hay para tanto; al fin y al cabo Siouxsie es una mujer que ha vivido siempre al límite ¿verdad?, al fin y al cabo el sexo, las drogas, el Reino Unido, el punk, dejan rendido a cualquiera. Se la deben imaginar durmiendo en un catre cochambroso, envuelta en mierda y con ojeras hasta los tobillos, ¿verdad? Aunque solo sea por el tópico de la estrella hundida por la mala vida, por las cosas que tiene ser una femme fatale…
Josep Miró i Ardèvol salió un día de su casita a buscar zumo de noni para su abuelita. El zumo de noni es el zumo de la fruta de un árbol cuyo nombre científico es Morinda citrifolia. Noni es como se denomina en Hawaii al árbol pero en el resto del mundo recibe muchos nombres como nono, nonu, mora india, árbol del queso, etc… El noni es originario y actualmente se cultiva en muchas partes del mundo según una distribución pantropical. Así, podemos encontrarlo desde Puerto Rico hasta la India, pasando por Hawaii, por la Polinesia, por el resto de islas del Pacífico y sur América. Los requisitos básicos para poder cultivar el noni son una temperatura media anual de 20 a 35ºC, mucha humedad y mucho sol. El cultivo del noni, ha supuesto para los habitantes de los lugares en donde crece una nueva forma de subsistencia, ya que son zonas en vías de desarrollo y cuya principal fuente de ingresos es el turismo. Entre estos lugares destacan Fiji, Hawai, y Tahití, principales productores de noni. El zumo de noni orgánico destaca por su alta calidad y respeto al medio ambiente.