Pedro Duque

14 01 2008

duque.jpg Pedro Duque, a pesar de ser astronauta, no suele entender las películas. Sale del cine de ver una de mafiosos por ejemplo y siempre hay un amigo muchísimo más lento que él que, en el momento de romper el silencio para comentarla, desvela de paso algo que Pedro no había pillado. Al hermano mayor lo mata un matón que en la escena anterior sale de la habitación del protagonista, en lo que es un clarísimo ejemplo de cinematográfico fratricidio por la espalda y a la vez un punto de inflexión en la trama que permitirá entender todo lo que sucede a partir de ese momento. Pero Pedro no lo ha entendido. Vamos, no ha entendido lo que tocaba cuando tocaba, mientras veía al actor secundario entrar a la cocina del refugio de montaña en la que el italo-americano que hace de hermano del protagonista pelaba una patata en un cotidiano silencio que solo puede ser augurio de muerte a navaja. Pedro piensa que el secundario trabaja para otro, quizá para el jefe de Boston, quizá para un villano desconocido, pero seguro que no para el protagonista.

No es que el pobre astronauta español viva en la inopia -o en la luna de Valencia como suelta entre carcajadas su hermana cada vez que comen juntos-; más bien tiene demasiadas cosas en la cabeza para obedecer la lógica de las historias solo porque haya pagado siete euros por la entrada. Se podría decir que Pedro se salta las películas a la torera y toma de ellas lo que le apetece, sea el pelapatatas del hermano o los picos nevados que se ven desde la ventana del refugio de montaña. A veces de la sopa de planos que tiene en la cabeza sale algo que se parece a la película que ha visto el común de los mortales, a veces no. Él se conforma pensando que es astronauta, y que quizá tenga algo que ver. Quizá son los efectos de la presión en el espacio exterior, quizá su increíble velocidad para con el cálculo mental le impide concentrarse, quizá los raros son ellos…

En enero de 2004 le dejó una novia rusa y, por las dificultades con el idioma, la chica no le dio demasiadas explicaciones: solo las justas y necesarias para que un buen aficionado al cine como él, experto en lidiar con elipsis y otras sutilezas de la economía narrativa, pudiera hacerse un mapa de la situación. Pedro no entendió nada y le llamó puta. Después, se tiró dos semanas en cama y un par de meses con el orgullo por los suelos. En mayo de 2004 fue a ver una reposición de Mi Chica en un cine de arte y ensayo y desde entonces no ha vuelto a pisar una sala. Sus amigos le consuelan diciéndole que ellos tampoco entendieron cómo puede morir Macaulay Culkin por una picada de avispa.