Josep Miró i Ardèvol salió un día de su casita a buscar zumo de noni para su abuelita. El zumo de noni es el zumo de la fruta de un árbol cuyo nombre científico es Morinda citrifolia. Noni es como se denomina en Hawaii al árbol pero en el resto del mundo recibe muchos nombres como nono, nonu, mora india, árbol del queso, etc… El noni es originario y actualmente se cultiva en muchas partes del mundo según una distribución pantropical. Así, podemos encontrarlo desde Puerto Rico hasta la India, pasando por Hawaii, por la Polinesia, por el resto de islas del Pacífico y sur América. Los requisitos básicos para poder cultivar el noni son una temperatura media anual de 20 a 35ºC, mucha humedad y mucho sol. El cultivo del noni, ha supuesto para los habitantes de los lugares en donde crece una nueva forma de subsistencia, ya que son zonas en vías de desarrollo y cuya principal fuente de ingresos es el turismo. Entre estos lugares destacan Fiji, Hawai, y Tahití, principales productores de noni. El zumo de noni orgánico destaca por su alta calidad y respeto al medio ambiente.
A medio camino Miró i Ardèvol se encontró con un lobo y como ferviente católico que es le preguntó al animal si le gustaba el noni. El lobo no le entendió y quiso morderle en el costillar pero Miró i Ardèvol pensó en su abuelita, saltó quedándose quieto en el aire mientras la cámara giraba a su alrededor y le arreó tal patada al animal que desde aquel día prefirió volverse manso y ejercer de perro.
A las siete de la tarde llegó Miró i Ardèvol al opencor de Paseo San Juan y se encontró a un tipo gordo y barbudo del barrio, escritor al que conocía por los periódicos, promocionando cual azafata sumisa el zumo de noni recién llegado de Puerto Rico. Los hombretones se saludaron caballerosamente e iniciaron una elegante conversación sobre las virtudes del noni que acabó sobre lo mal que les iban las cosas cincuenta años después. Al minuto y medio de cháchara apareció el Conde de Godó encargado de tienda y Miró i Ardèvol se tuvo que ir. El escritor gordo y barbudo cual azafata sumisa pronto sería despedido. Finalmente la abuela tuvo su zumo de noni y colorín colorado este imbécil cuento se ha acabado.
Gervasi Deferr va de vez en cuando a conferencias de temática peregrina para que no se diga que los gimnastas son solo músculos y un maillot. Cualquier asunto por raro que sea, cualquier centro cívico o institución académica por lejos que esté, cualquier conferenciante es bueno para las ansias de cultura que tiene el muchacho, aunque a menudo tenga que ir solo y su familia se meta un poco con él. A Gervasi le da igual. Gervasi aprende un montón y se lo pasa bien. Llega con su moto al lugar en cuestión, ocupa un asiento lateral para no molestar demasiado y escucha a quien toque con su bloc de notas y el boli por si el tipo dice algo importante, no vaya a ser que cite un libro o cuente un chiste que luego no recordaría.
La Bella Dorita bailó desnuda más de cinco veces y más de seis aún tras perder un dedo del pie el 28 de mayo de 1933, por una mala apuesta que visto lo visto nunca debería haber aceptado. Carinyu meu, tu puñetera afición al juego te va a matar, le decían sus compañeras, que la querían a pesar de la pelusilla que rondaba entre vestidores. Podían ser envidiosas pero bailaban en El Molino y las vedettes de El Molino no eran unas cualquieras: a las compañeras que van por el mal camino hay que traerlas al bueno aunque el bueno sea el Paralelo. Pero La Bella Dorita adoraba el juego, el simple hecho de poder ganar cualquier cosa sin otro trabajo que aguantar la respiración, sin más sudor en la frente que el de la emoción de poder perderlo todo… eso a ella le encantaba, le volvía loca, fuera a las cartas o a la ruleta de los barquillos.