Siouxsie Sioux

5 02 2008

siouxsie.jpg Siouxsie Sioux se tiró en mayo de 1979 seis días seguidos durmiendo. Ya, ya les oigo exclamar ahí sentados: uh Kalaupapa tampoco hay para tanto; al fin y al cabo Siouxsie es una mujer que ha vivido siempre al límite ¿verdad?, al fin y al cabo el sexo, las drogas, el Reino Unido, el punk, dejan rendido a cualquiera. Se la deben imaginar durmiendo en un catre cochambroso, envuelta en mierda y con ojeras hasta los tobillos, ¿verdad? Aunque solo sea por el tópico de la estrella hundida por la mala vida, por las cosas que tiene ser una femme fatale

Pues no señores. En mayo de 1979 Siouxsie tenía la sangre limpia, comía y leía como una buena nena y vivía en un pisito que parecía sacado de una revista sueca de interiorismo. Es más, el primer día de los seis se fue a la cama a eso de las diez menos cuarto de la noche metida en un pijama que olía a rositas, no les digo más. Lo que sí es verdad es que aquella temporada Siouxsie no las tenía todas consigo: se discutía con su madre cada dos días, follaba menos que nunca a falta de ganas y empezó a dudar de su propia habilidad musical. Total que a la mañana siguiente Siouxsie tuvo frío al abrir la manta y sintió miedo de meter el pie en la zapatilla. Nadie la esperaba fuera y tras un rápido recuento vio que todo podía dejarse para otro día. De modo que tras bajar la persiana siguió durmiendo sin dificultad al abrigo de unas mantas que le provocaron una estúpida sonrisa babeante de bebé y soñó por lo menos con cuarenta espacios distintos que le eran familiares. Soñó con su lavabo, con el piso de su amigo Roger, con sus primas, con su madre, con la carnicera, con una señora con paraguas y el pelo lila que a veces se cruzaba en el Tesco. A las dieciocho horas se levantó a mear y a comer quicos con los ojos cerrados y luego siguió soñando con anécdotas cotidianas. Al cabo de treinta horas Siousxie pensó que quizá se estaba pasando un pelín, pero también pensó en lo que había fuera: decidió seguir revolcándose entre mantas y desajustando con los pies la sábana ajustable de gomitas. A las setenta y cinco horas, los ruidos de la casa del vecino, las sirenas de las ambulancias, los ladridos de los perros, se metían en sus sueños que ya no eran sueños sino imágenes confusas mezcladas con un agradable olor corporal a caldo de cocido. A las ciento quince horas se olvidó de casi todo lo que era y empezó a soñar con colorines. No tenía mucho sentido pensar en lo que había fuera porque dejó de entender que estuviera dentro de ningún sitio. Es posible que durmiera con un ojo abierto.

Al séptimo día, que cayó en miércoles, Siouxsie se levantó de la cama y descansó de dormir.

Sonando: If I Were A Carpenter – Johnny Cash